
C.P. Norma Angélica Molina Zúñiga.
Quiero compartir con ustedes una primera reflexión sobre la Misiòn de nuestra Universidad.
El primer párrafo dice: “Preparar profesionistas de Calidad con una conciencia social, humana, ecológica y de servicio en sus áreas de formación, con el compromiso de mejorar su entorno, desde un punto de vista científico y tecnológico”; el propòsito que implican estas primeras líneas sólo será posible si contamos con profesores que puedan y quieran contribuir con su esfuerzo para hacerlo realidad, e inmediatamente la asocio con la labor que cotidianamente realiza un profesor bien preparado, te enseña; un profesor bien preparado y humano, te educa; un profesor bien preparado, humano e íntegro, forma y deja huella en las almas de sus discípulos.
Como Universidad, somos una verdadera comunidad en la que todos buscamos el bien y la verdad. Cuando el bien y la verdad son el horizonte y el motor del trabajo y de la relación interpersonal, nuestra vida universitaria se transforma: encuentran un terreno adecuado, el rigor intelectual, la excelencia académica, la investigación, la iniciativa y la colaboración.
Asegurar la calidad institucional, es un elemento esencial del quehacer universitario.
Esto coadyuva a que los estudiantes logren una formación sólida, que los proyecte ante la sociedad con un mayor abanico de fortalezas, ante la competencia que cada día, es más exigente.
La Universidad adoptó este esquema, esta cultura, como una mística de trabajo y gracias a ello, estamos experimentando excelentes resultados.
Quiero decirles que, con los logros del día de hoy, nos sumamos a instituciones de educación superior con servicios académicos – administrativos de calidad, bajo el cual se forman a nivel nacional.
El arduo trabajo de la comunidad universitaria ha sido decisivo para la conquista de nuestras metas y objetivos.
”Las grandes realidades, decía Manuel Sánchez Mármol, no se improvisan. Tiempo y determinación son factores decisivos que contribuyen a la consumación de todo proyecto”.